
Ulrike Marie Meinhof
Nota de Klaus Wagenbach: en abril de 1968 Andreas Baader, Gudrun Ensslin, Thorwald Proll y Horst Söhnlein provocaron dos incendios en la principal calle comercial de Frankfurt, que causaron grandes daños. Los cuatro fueron detenidos tan sólo un día después y declararon, en el proceso que tuvo lugar en octubre, que querían prender fuego a los grandes almacenes para protestar contra la indiferencia de la sociedad ante el genocidio en Vietnam. Cada acusado fue condenado por esta acción- la primera al estilo de guerrilla urbana- a cuatro años de prisión.
En contra de la provocación de incendios se suele decir que se pone en peligro la vida de personas innecesariamente.
Pero contra el hecho de incendiar grandes almacenes podemos decir en especial que este tipo de ataques contra el mundo del consumo- como creían entender los acusados en el proceso de Frankfurt-, no irrita al mundo consumista, ni tan siquiera lo perjudica mínimamente, ni perjudica a aquello producido por el mismo para quienes obtienen beneficios, a quienes más bien esta acción favorece.
La mera destrucción de un gran almacén se corresponde con el principio según el cual en esta tierra nuestra se produce y se consume, con el principio del beneficio y de la acumulación de capital, en vez de aniquilar el mismo. Pues a aquellos a quienes la producción y venta masiva de mercancías en grandes almacenes proporciona beneficios, no se les puede probable y ocasionalmente hacer mayor favor que la destrucción sin costes de estos bienes. Según la ley del beneficio, el seguro pagará los daños. El problema de la saturación, e incluso estancamiento, de los bienes de consumo que no en encuentran salida en el mercado se resuelve mediante los mismos medios que utiliza la producción industrial para poder mantenerse. En la visión de “Una ciudad del futuro” de Vance Packard ya se construyen absolutamente “todos los edificios con una particular masa de papel, de manera que puedan ser arrancados y nuevamente construidos cada primavera y otoño durante la época de la gran limpieza de casas”. Y “una de cada cuatro fábricas está situada en una pendiente aguda, los extremos de las cadenas de montaje pueden oscilar hacia las puertas traseras o delanteras. Si la demanda es floja oscilará el extremo de la cadena hacía la puerta inferiror, y la producción total de frigoríficos o demás productos desaparecerá en la profundidad y se transformará inmediatamente en chatarra, de manera que no se haya de saturar el mercado de bienes de consumo” (Vance Packard. El gran despilfarro , Frankfurt, 1960). Continue reading